miércoles 28 de enero de 2009

Murió John Updike, “virulento crítico” de la debacle de EU


Ángel Vargas y agencias

Uno de los escritores contemporáneos más relevantes de Estados Unidos, espejo crítico de la clase media en ese país, John Updike falleció la mañana de este martes, en Nueva York, a los 76 años a causa de cáncer en el pulmón.

La noticia fue dada a conocer por el agente del autor, Nicholas Latimer, quien recalcó que fueron años de lucha del narrador contra esa enfermedad.

Nacido en Shillington, Pensilvania, en 1932, Updike es considerado uno de los más ácidos cronistas de la sociedad estadunidense de la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI, por ser poseedor de un manejo erudito de temas como el sexo, el divorcio y otros aspectos de la vida en pareja.

Creador prolífico, su bibliografía alcanza en poco más de medio siglo de trayectoria 25 novelas y más de una docena de colecciones de cuentos, así como poesía, ensayos, crítica literaria e inclusive libros para niños.

La serie protagonizada por Harry Conejo Armstrong (desde Corre, conejo hasta Conejo en el recuerdo y otras historias) es su obra más famosa y representativa; en México se encuentra disponible en el sello Tusquets, al igual que su novela más reciente, Terrorista, de 2007.

Figura imprescindible

Galardonado en dos ocasiones con el Pulitzer, en 1982 y 1991, y en una con el premio American Book, cientos de las historias, reportajes y poemas de John Updike aparecieron de manera regular en el semanario The New Yorker desde 1950.

Como narrador exploró habitualmente las motivaciones humanas sobre el sexo, la fe, la razón última de la existencia, la muerte, los conflictos generacionales y las relaciones interpersonales, con un manejo casi artesanal del lenguaje.

Según el escritor mexicano Hernán Lara Zavala, Updike pertenece a esa importante camada de autores estadunidenses nacidos en la década de los 30 que siempre figuraron como candidatos al Premio Nobel, en la que aparecen, además, Saul Bellow (quien finalmente lo obtuvo), Norman Mailer y Phillip Roth.

Por su parte, José Agustín lo sitúa como “uno de los escritores mayores de la literatura estadunidense de todos los tiempos y, por supuesto, figura imprescindible del siglo XX”.

Fue “un cronista sensacional y sumamente virulento y crítico de la clase media gringa. Sobre todo en su saga de Harry Conejo Armstrong, va mostrando cómo, conforme evoluciona la vida del personaje, va decayendo y deteriorándose la vida en Estados Unidos”, describe el autor de La tumba en entrevista telefónica.

“Es el complemento perfecto de John Cheever, cuentista extraordinario, quien tambien trabajó mucho sobre la clase media del noreste de Estados Unidos. Son autores que retratan el alma verdadera de esa nación, el Estados Unidos profundo, la forma en que éste se va deteriorando.”

Especialista en la literatura contemporánea del vecino país del norte, Lara Zavala resalta, también en conversación telefónica, que el autor de A conciencia y La belleza de los lirios “fue un hombre consagrado en cuerpo y alma a las letras, porque nunca cayó, como otros tantos, en impartir cursos, dar clases; se dedicó a escribir, y tuvo una carrera muy brillante”.

Destaca, además, que la obra más importante del autor estadunidense es la ya mencionada saga protagonizada por Harry Conejo Armstrong, que consta de cuatro títulos y dos añadidos, debido a que en cada uno de esos volúmenes diseccionó lo que pasaba década por década.

“Empieza en los años 50, que es la época de la posguerra y el inicio de la recuperación de Estados Unidos; le sigue la de los 60, con el black power, el poder negro; luego, los 70, la etapa de la riqueza de esa nación; y, finalmente, los 80, cuando viene la caída reaganeana.”

Virtuoso del erotismo

Hernán Lara Zavala niega que ser un agudo cronista de la sociedad estadunidense de la posguerra le haya acarreado algún conflicto político a John Updike.

“No tuvo problemas con la izquierda ni la derecha; en terminos políticos, más bien era conservador, pero, como buen escritor, adoptó ciertas causas. Por ejemplo, a través de su personaje Harry Conejo Armstrong se une a la causa del black power”, señala.

“Su ojo era agudo y veía todo, aunque sus personajes no eran como los de Philip Roth, más comprometidos políticamente, más progresitas, sino son personajes más de acuerdo con la clase media. Pero ésa es una cualidad que le permite interpretar de manera más justa y apegada las contradicciones del propio sistema de aquel país.”

El especialista ubica a Updike como sucesor de J.D. Salinger y subraya que eso, aunado a sus colaboraciones como cuentista en The New Yorker, fue determinante para que no fuera demasiado radical en su postura política ni estilo. “Pero encontró la manera de darle la vuelta a eso y supo decir lo más fuerte sin palabras crudas.”

Otro aspecto que destaca Lara Zavala es que, a pesar de que el escritor era protestante, puede considerársele uno de los más grandes del erotismo en la sociedad estadunidense.

“Era extraordinario para narrar escenas de orden amoroso; sus personajes son muy importantes en ese sentido. No hay que olvidar que tiene una novela, Parejas, en la que describe lo que era el intercambio de parejas a finales de los años 60, que se convirtió en un clásico.”

John Updike “era un candidato natural al Premio Nobel. Hay que destacarlo también como gran estilista; tenía un lenguaje muy delicado, cuidado, con un giro poético muy importante, y eso hizo de él un prosista poético. Nunca buscó la publicidad ni la fama, como Norman Mailer”, concluye.

Tomado de la Jornada

lunes 26 de enero de 2009

Alí Calderón sobre Contraverano

Mijail Lamas (Culiacán, 1979) es quizá el poeta joven sinaloense más destacado de los últimos años. En el marco de su generación, los setenta, Lamas es un autor que publica relativamente tarde, alrededor de los veintiocho años. El dato es interesante, sobre todo a la luz de una comparación con otros poetas nacidos igualmente en 1979 y que publicaron con algún éxito años antes. Es el caso de Hernán Bravo, Francisco Alcaraz u Oscar de Pablo, por mencionar a algunos.

La espera, sin embargo, valió la pena. Conocí la poesía de Lamas en 2005 por medio de la antología 1979, con prólogo de Eduardo Langagne, y que recuperaba el trabajo de poetas sinaloenses como Francisco Meza, Óscar Paúl Castro, Javier Velázquez, etc. En aquel momento, su poesía me pareció fresca, muy vital, deseosa de establecer relaciones intertextuales y siempre con las variables del humor y la cultura popular como caballos de batalla. Se trataba, creo, de una especie de poética grupal en la que sobresalen los poemas “Crónica parcial de los noventa” (y hubo disparos de monedas que caían/ a la profundidad del corazón/ Fidel Fujimori Pinochet los dinosaurios/ de Spielberg y otras películas malísimas/ viagra camisetas del Che en el malecón/ todos comentaban pobre Magic Freddy Mercury/ cantará por última vez en Barcelona y nosotros tan borrachos/ aburridos seguros de que aquí no pasó nada) de Paco Alcaraz y “A Borges”, de Lamas:


“a Virgilio frente al Palatino Monte

a Heráclito en su múltiple cause erguido

a Cervantes frente al sueño del Hidalgo que llaman Quijote

a ti en el laberinto, Averroes, del lenguaje

a Dante frente a los círculos del sueño

a Chesterton de bastón gastado y artilugio

a De Quincey con su opio y huestes de hashishis

a Mateo y Marcos que buscaban la primicia

al verbo de San Juan

a Shakespeare met the night mare

al horroroso espejo

al tiempo circular del Eclesiastés

al sol del tigre en la página de Blake

a los de Góngora raudos meteoros

al paraíso: Alejandría soñada

a los dones que me roba la ceguera

a ustedes os digo:

I can´t get no satisfaction.”


Este tono y esta temática habrían de ser desarrollados más tarde en el Cuaderno de Tyler Durden en donde, en palabras de Mario Bojórquez, se da cuenta del “tedio de la vida contemporánea ante el monitor de la computadora” todo ello, creo, en el marco de esa mirada neobarroca o posmoderna, transmoderna, diría Enrique Dussel, que nos cruza y nos determina, esa vida en la que la relación sujeto-objeto es dominada por el objeto, esto es, el mundo abruma al hombre. Una poesía, en resumen, de la globalización y la sociedad industrial, una interesante aproximación a la sensibilidad de nuestro tiempo.

De 2005 a 2007, Mijail Lamas fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas, el mayor apoyo para un poeta menor de treinta años en México. Durante su periodo de beca se escribió el poemario que nos ocupa, Contraverano, publicado por el Fondo Editorial Tierra Adentro.

Contraverano podría llegar a resumirse en aquella fórmula freudiana: “infancia es destino”. Pero esta reconstrucción simbólica de la infancia, de la tierra natal, lejos se halla del tema clásico del lugar idílico y magnificente, al contrario. Esta arqueología del ser raya en lo doloroso, en una sentencia cara al existencialismo: “el infierno son los otros”. Así nos parece cuando Lamas dice:


“Recuerdo la primera casa de la infancia

y la segunda

y la tercera.

Todas son una,

incendiándose.”


Los textos de Lamas son una especie de correlato, en la poesía, del recurrente tema del desierto en la narrativa. En este género, Daniel Sada, Herminio Martínez, Jesús Gardea o Severino Salazar, por ejemplo, se han caracterizado por desarrollar la atmósfera del calor que abruma, del sol agobiante. Lamas desarrolla el mismo tema desde la lírica y con tintes simbólicos. El sol de Culiacán, de Sinaloa, produce no la solemne transparencia de Octavio Paz sino una suerte de maldición que persigue al sujeto. Así, por ejemplo, Lamas escribe:


“Mucho tiempo quisiste enumerar cada partícula de polvo, cada capa de tristeza,

enumerar también cada puñetazo de la frustración,

cada truco para engañar el mediodía que te cortaba en sombra la figura.”


O


“Afuera el verano dejaba correr libre su corazón de rojo carnicero

y la luz marchitaba cuerpos que antes fueron exquisitos,

que antes fueron necesarios.”


Los poemas de Contraverano nos recuerdan esa redacción medicinal, esa escritura terapéutica que tras la cual opera una reflexión profunda y dolorosa en torno al yo, una anagnórisis, y la correspondiente catarsis, la superación del “trauma”, del motivo anímico, eje del poemario: la infancia, el lugar natal, los viejos fantasmas de la familia y el proceso lacerante y lento de hacerse hombre:


“Ahora que todo es una moneda gastada en la miseria,

recuerdas recoger sus sombras como algo consumido por el fuego.”


O


“Otro día la voz de tu madre tiene algo de gladiolo y tierra,

todo porque no sabe explicarte

cómo a veces la vida es un espejo que duplica la muerte.”


O


“De nuevo la mañana es clara y sin nubes,

el sol nace maduro como un fruto que fuera siempre fruto

y algo de mí se incendia

(…)

y el peso de tanta realidad iluminada me es insoportable.”


Y la catarsis, finalmente, cuando la experiencia sufre una transformación cualitativa y se trueca comprensión, sabiduría:


“Voy a darle vuelta a la página de los incendios,

a levantar la pluma de esa hoja que la luz ha despertado,

a oscurecer con un golpe de mano esta flama que se consume así misma.”


Desde el punto de vista estilístico, este poemario me parece menos “natural” que la poesía de Mijail Lamas en Cuaderno de Tyler Durden. En este título, la voz poética fluye natural, en el tono de la conversación cotidiana, en la pluralidad melódica del verso libre. En la voz poética de Contraverano se advierte, por el contrario, mayor oficio, mayor artificio. Esa naturalidad ingenua, sincera, podría decirse, se transformó en un cuidadoso canto, en poesía depurada. Echando mano del alejandrino fundamentalmente, del endecasílabo en ocasiones, Lamas edifica una música próxima a la de la silva, una conformación melódica que nos acompaña a lo largo del poemario imprimiendo a la lectura la sensación de sofisticado refinamiento:


“Dicen que en estos tiempos el sol calienta más. (14)

Sólo yo sé que el único culpable es el verano (14)

que alarga a donde va su permanencia, (11)

que anda en busca de mí por todos lados (11)

y me encuentra.”


En este poemario Lamas nos ofrece una escritura elegante y cadenciosa. Nos encontramos con versos extraordinarios como:


“…y las manos son quimeras de papel que con su filo

parten el sueño en fragmentos que se mezclan

con los de hace diez años y los de esta mañana.

En una rápida sucesión de luz todo era verano,

bajo ese sino todo se detenía.

No pretendía volver o que el verano fuese el paraíso,

ni siquiera ser la piel del sol abatida en los cristales.”


Puedo decir que Contraverano de Mijail Lamas me emociona por dos cosas. Uno: por su doloroso decir. Dos: por la conciencia de construcción que advierto en los poemas. Y no tengo dudas, por la calidad de su trabajo, este poeta es uno de los más trascendentes de su generación.


Tomado de Círculo de poesía

martes 6 de enero de 2009

DOS RESEÑAS EN ENERO

En este mes dos reseñas que les comparto:
Alturas y descensos
, sobre la Poesía Reunida de la poeta coahuilense Enriqueta Ochoa, en la reciente edición de la revista Letras Libres (año XI, Número 121, Enero2009).
El otro amor, la otra tierra,
es a propósito del libro Las runas del deseo de la escritora uruguaya Cristina Peri Rossi, reciente ganadora del premio Loewe, la reseña aparece en el suplemento Hoja por Hoja (año 12 | número 140 | Enero 2009).
Tambien podrán leerlas en el cuederno de filias y fobias.
Sin más que agregar, feliz año 2009 para todos.