lunes 30 de noviembre de 2009

José Emilio Pacheco, cuarto mexicano en ganar el Premio Cervantes


El escritor José Emilio Pacheco se convirtió hoy en el cuarto mexicano en ganar el Premio Cervantes, después de que Octavio Paz, Carlos Fuentes y Sergio Pitol fueran reconocidos con el máximo galardón de las letras hispanas en los años 1980, 1987 y 2005, respectivamente.

Pacheco sucede en el premio al novelista catalán Juan Marsé y cumple así la norma no escrita sobre la alternancia en el galardón entre autores españoles y americanos, que se mantiene ya desde 1997, año en que el cubano Guillermo Cabrera Infante tomó el relevo de José García Nieto y precedió a José Hierro.

De los 35 autores premiados en las 34 ediciones del Premio Cervantes falladas desde 1976, diecisiete son americanos y dieciocho españoles.

Sólo dos mujeres han recibido el galardón hasta la fecha, la española María Zambrano, en 1988, y la cubana Dulce María Loynaz, cuatro años después.

El Cervantes ha premiado a cuatro argentinos. Juan Gelman fue el último de ellos, en 2007, y estuvo precedido por Ernesto Sábato, Jorge Luis Borges -compartido con el español Gerardo Diego- y Adolfo Bioy Casares en los años 1979, 1984 y 1990, respectivamente.

El Cervantes ha premiado además a tres cubanos, Alejo Carpentier (1977), Dulce María Loynaz (1992) y Guillermo Cabrera Infante (1997), así como a dos chilenos, Jorge Edwards (1999) y Gonzalo Rojas (2003).

Entre los premiados figuran también el uruguayo Juan Carlos Onetti (1980), el paraguayo Augusto Roa Bastos (1989), el peruano Mario Vargas Llosa (1994) y el colombiano Álvaro Mutis (2001).

Jorge Guillén fue, en la edición inaugural, el primer español en lograr el premio, una serie que cierran hasta la fecha el leonés Antonio Gamoneda, galardonado en 2006, y Juan Marsé.

La alternancia como premiados entre autores españoles y americanos se mantiene ya desde hace más de una década, aunque esta norma no escrita del galardón se ha roto en diversas ocasiones.

Octavio Paz sucedió al uruguayo Onetti como ganador del premio en 1981, y Rafael Alberti fue galardonado en 1983, un año después de Luis Rosales.

Gonzalo Torrente Ballester y Antonio Buero Vallejo ganaron en los años 1985 y 1986, y el argentino Bioy Casares dio el relevo al paraguayo Roa Bastos en 1990.

Camilo José Cela fue galardonado en 1995 y un año más tarde el premio fue otorgado a José García Nieto. Desde entonces la alternancia se ha mantenido en las sucesivas ediciones.

La lista de ganadores del Cervantes se completa con los españoles Dámaso Alonso (1978), Francisco Ayala (1991), Miguel Delibes (1993), Francisco Umbral (2000), José Jiménez Lozano (2002) y Rafael Sánchez Ferlosio (2004), reconocido la pasada semana con el Premio Nacional de las Letras.


Tomado de

http://www.adn.es/cultura/20091130/NWS-1703-Cervantes-Pacheco-Premio-Emilio-Jose.html

viernes 27 de noviembre de 2009

Un suspenso entre lo arcaico y lo moderno


En la más reciente entrega de “En línea recta”, me doy a la tarea de revisar el libro Isla de las estaciones, del poeta irlandés y ganador del Premio Nobel, Seamus Heaney, traducido al español por la poeta Pura López Colomé. Pa ir dar click en la foto.

lunes 16 de noviembre de 2009

EL ORO ENSORTIJADO: Poesía viva de México

El oro ensortijado, poesía viva de México, compilada por Mario Bojórquez, Alí Calderón, Jorge Mendoza y Álvaro Solís, editada por University of Texas at El Paso/ Escuela de Letras de la Universidad Mayor de San Marcos de Lima, Perú/ Secretaría de Cultura de Puebla; México, 2009, 368 pp.



De la contraportada:

La poesía mexicana actual es una medusa de múltiples delicados filamentos, de innumerables y absorbentes tentáculos. Bajo sus versos laten lo mismo los lances amorosos de Gutierre de Cetina que la conciencia criolla de Francisco de Terrazas y Martín Cortés; late el ingenio de la monja jerónima Juana Inés y la erudita osadía de Juan de Palafox y Mendoza. En cada palabra de cada poema subyacen los ímpetus de fray Manuel Martínez de Navarrete y la angustia extrema de Ignacio Rodríguez Galván; en estas palabras pasea la musa callejera de Prieto; por las estrofas avanza solemne el cortejo fúnebre de Acuña. Brilla en cada pausa la duquesa Job. Nuestra poesía acompaña a López Velarde en aquella caminata gélida después del teatro y a Salvador Novo en la consuetudinaria seducción de un chofer. Vive en estos poemas el mole de guajolote y Jorge Cuesta lleva a Octavio Paz, por primera vez, a un restaurant elegante. Aquí Jaime Sabines mide y corta su tela, aquí Efraín Huerta duerme con la muchacha perdida en alcohol, aquí Abigael Bohórquez consulta los precios en el serrallo varonil, aquí José Carlos Becerra conduce su volkswagen hasta la muerte. La tradición literaria es, entonces, un vertiginoso presente del cual fijamos una imagen, una postal, que nos muestra una veta, un camino, una posibilidad de poesía mexicana: la que tiene que ver con la emoción, la intensidad, el trastocamiento interno pero también con la perfección apolínea.
El oro ensortijado. Poesía viva de México, poema por poema y página por página, nos entrega la mejor poesía mexicana que puede ofrecer nuestro presente poético. Es el ejercicio más valiente, más radicalmente comprometido con una estética desde Poesía en movimiento. Por ello, estas páginas serán polémicas, incómodas, rechazadas por el prestigio fatuo, la presión de las relaciones sociales de la vida literaria o el poder cultural. En este volumen simple, llana, sinceramente, está nuestra mejor poesía.

viernes 13 de noviembre de 2009

Iluminaciones de Hugo Alfredo Hinojosa se presenta en Cualicán

El próximo 21 de Noviembre y en el marco de la XXX Muestra Nacional de Teatro se presentará en la ciudad de Culiacán, Sinaloa, la obra del dramaturgo sinalosudcalifa Hugo Alfredo Hinojosa, en el Teatro Socorro Astol, que está por el malecón de esa ciudad.

Sábado 21 de noviembre, 18:00 hrs (función para público en general)
20:00 hrs invitados (función para invitados)


Aquí les dejo un fragmento de la obra.



llegamos sin padres a ese campo Tadeusz traía puesto un abrigo que apenas cubría su pecho yo llevaba un enorme saco de papá que no calentaba mi hermano y yo estábamos separados por cuatro vagones de ferrocarril el tren avanzaba despacio por las colinas larga ruta recuerdo que de algunos vagones escapaban lamentos gritos eternos entre ese frío algunos hombres desmayados se mantenían en pie por la presión de los cuerpos contra cuerpos unos lloraban otros oraban entre murmullos sólo en dos ocasiones se detuvo el ferrocarril los hombres de cada vagón escondían sus rostros por miedo se abrían las puertas de metal de cada furgón gritos segundos más tarde disparos minutos después iniciaba la marcha del ferrocarril forzando su viaje al tercer día de marcha llegamos a un campo enorme cercado con alambre de púas en sus orillas y perros en cada esquina de los edificios Tadeusz se mantenía de pie parecía querer desfallecer su rostro pálido lo hacía parecer tan cansado que casi podía notar en sus ojos hinchados sus ganas de morir antes de que nos formaran aquellos hombres vestidos de gris solté a correr hasta llegar a las piernas largas de mi hermano lo abracé como siempre no quería estar separado de él Tadeusz sonreía me apretaba contra su pecho me susurraba al oído que me calmara cálmate nos formaron en hileras tan largas que a lo lejos parecían no acabar nunca entre las montañas después de que los hombres terminaron de apuntar nuestros nombres en unas listas caminamos formados hacia unos cuartos enormes donde sólo había colchones rotos trastos de metal oxidado y montones de ropa sucia podrida la peste era tan fuerte que algunos hombres vomitaban y otros daban gritos ni mi hermano ni yo vomitamos después de habernos desnudado nos vestimos con esas ropas amarillentas con olor a naftalina y humedad el número de Tadeusz era el 00234 yo tenía el 00235 adonde quiera que él caminara yo lo seguía tomándolo del resorte de su pantaloncillo el trabajo de mi hermano era pesado él levantaba rocas enormes y yo metía las manos regordetas en las bocas de los cañones a los niños que limpiaban cañones a veces los soldados les jugaban bromas recuerdo que uno de esos niños mientras limpiaba el agujero de uno de los cañones explotó uno de los hombres de gris movió la palanca que hacía funcionar la maquinaria nadie dijo nada los hombres reían a mi hermano sólo le llamaron la atención una vez le cercenaron algunos de sus dedos por haber dejado caer una roca en la bota de uno de los soldados no lloró metió la mano entre la nieve para que se le adormeciera me veía y sonreía no quería que me preocupara yo le daba trozos de mi pantalón para que se amarrara los dedos pero ya no se le quedaban puestos no sé cuanto tiempo pasó de pronto mis manos dejaron de ser regordetas y mi hermano ya no era tan alto uno que otro soldado empezaba a llenar su cabeza del mismo color que su uniforme la comida era mala siempre así muchos de los que estaban con nosotros ya no querían comer las diarreas mataban a demasiados decían que a todos los que ya no se volvían a ver en los trabajos y en el campo los cocinaban para no tener que gastar en comida algunos se aterrorizaban otros comían yo comía Tadeusz no él se burlaba de mí se me paraba enfrente y pretendía ser mi espejo estás tan delgado como yo pero yo soy más guapo reía como loco lo abrazaba y reíamos todos en aquel gigantesco cuarto reían nos llamaban los «troncos» porque decían que nos iban a quemar como leña en cualquier momento el 00698 llevaba meses planeando una fuga junto con Tadeusz solamente escaparían unos cuantos la libertad no es para todos decía mi hermano esperamos varios meses antes de intentar cualquier movimiento llegaba más gente al campo unos desaparecían los soldados les gritaban o les disparaban a quemarropa otros hombres cargaba rocas día y noche no comían nosotros esperábamos a que todo estuviera listo nos entreteníamos jugando al espejo ya no sólo podía limpiar la boca de los cañones ahora podía incluso meter la mano hasta hueco de detonación escapamos por la noche en un día inesperado hasta para mí Tadeusz me despertó tan rápido que no me dio tiempo de ponerme un abrigo escapamos quince mi hermano y yo pasamos por debajo de los cables de alambre filoso que dividía el campo del bosque nos perdimos despacio entre la noche y la nieve durante el recorrido por las montañas Tadeusz me abrazaba para que el frío de mi cuerpo disminuyera el abrigo de mi hermano apenas lograba cubrirle la espalda todos hablaban de un valle teníamos que llegar al valle en cuanto lleguemos a ese lugar todo va a cambiar decía él a cada instante después de varias horas mi hermano me dio su abrigo dijo que yo lo necesitaba más que él la noche era muy fría los hombres que caminaba junto con nosotros se iban quedando atrás algunos caían por el cansancio lloraban unos más se extraviaban en la oscuridad para distraerme mi hermano me contaba que cuando nací tenía las manos como patas de rata se reía seguíamos adelante cuando lleguemos al valle todo va a cambiar rata decía él seguimos caminado hasta que el silencio y los golpeteos del viento nos mantenían bajo un ritmo agobiante ya cansado me detuve y llamé a Tadeusz no contestó volteé ya no caminaba detrás de mí se perdió llamé su nombre varias veces muchas veces nadie contestaba corrí enterrando mis piernas en la nieve sin encontrar rastro de nadie todos se quedaron atrás en algún lugar quedé quieto unos minutos pensé en dónde podían estar todos si tan sólo me hubieran dicho como llegar al valle seguí caminando hasta que amaneció con lentitud la luz se miraba en los picos altos de las montañas cansado me detuve no podía más me derrumbé durante unos segundos tuve la mirada enterrada entre la nieve hasta que escuché unos murmullos que después subieron hasta convertirse en risas frente a mí estaba el campo de concentración los soldados me veían y reían sin cesar los alambres de púas del campo estaban adornados por pequeños hilos de hielo que colgaban queriendo caer respiré creo que el valle está más lejos ahora sé que a la gente no la cocinan lo sé me desnudaron caminé sin ropa hasta una habitación gigante cerraron la puerta y la gente gritaba todo oscuro se escuchó un ruido calor oscuridad sudor me fui derrumbando qué calor tan tierno después del frío no a la gente no la cocinan la vuelven olvido eso es todo tan sólo espero que Tadeusz no me haya olvidado si no quién va a recoger mis cenizas de entre la nieve la nieve (…)

Hugo Alfredo Hinojosa

Presentación de "El oro ensortijado. Poesía viva de México"

El oro ensortijado. Poesía viva de México es una conjetura en torno a la poesía mexicana. El sábado 14 de noviembre a las 12 horas en la Casa del Escritor de la ciudad de Puebla se llevará a cabo la presentación de la mejor y más polémica antología de poesía mexicana en los últimos años. Publica: University of Texas at El Paso/ Escuela de Letras de la Universidad Mayor de San Marcos de Lima, Perú/ Secretaría de Cultura del Estado de Puebla. Habrá mezcal y vino de honor. Los comentarios estarán a cargo de Mario Bojórquez, Alí Calderón, Jorge Mendoza Romero y Álvaro Solís. La entrada es libre. Allá nos vemos!!!

jueves 12 de noviembre de 2009

En el cumple de Sor Juana

Soneto
por Sor Juna Inés de la Cruz

Aunque eres (Teresilla) tan Muchacha,
le das que hacer al pobre de Camacho,
porque dará tu disimulo un Chacho,
a aquel que se pintase más sin Tacha.

De los empleos que tu Amor Despacha,
anda el triste cargado como un Macho
y tienen tan crecido ya el Penacho,
que ya no puede entrar, sino se Agacha.

Estás ha hacerle burlas ya tan Ducha,
y a salir de ellas bien estás tan Hecha,
que, de lo que tu vientre Desembucha,

sabes darle a entender, cuando Sospecha,
que has hecho, por hacer su hacienda Mucha,
de ajena siembra suya la Cosecha.

lunes 9 de noviembre de 2009

Jornadas de Poesía en Honor a Sor Juana Inés de la Cruz

La Vicerrectoría Académica, a través de su Programa de Escritura Creativa, tiene el agrado de invitar a la

Jornada de Poesía

En Honor a Sor Juana Inés de la Cruz

Participan

Myriam Moscona, Josu Landa, Alicia García Bergua, Malva Flores, Rocío Cerón, Jorge Fernández Granados, Mijail Lamas, Tanya Huntington, Julio Trujillo, Claudia Posadas, Fernando Fernández, Enzia Verducchi, Alejandro Tarrab, Lilianet Brintrup y Silvia Manzini, entre otros.

Coordinación

Sandra Lorenzano

¡Te esperamos!

Jueves 12 de noviembre de 2009

A partir de las 13:00 horas

Universidad del Claustro de Sor Juana

Entrada libre

Mayores informes

Lic. María Teresa Atrián Pineda

Directora de Programas de Vicerrectoría Académica

mtatrian@ucsj.edu.mx

Izazaga 92, Centro Histórico, C.P. 06080, México D.F.