jueves 26 de agosto de 2010

Cumpleaños del niño gigante


Gracias al twitter recordé que hoy sería el cumpleaños 96 de ese eterno "plebe" o "pibe", según la geografía desde donde se diga. Acá unos poemas del gigante argentino.

Cinco Últimos poemas para cris
por Julio Cortázar

I
Ahora escribo pájaros.
No los veo venir, no los elijo,
de golpe están ahí, son esto,
una bandada de palabras
posándose
una
a
una
en los alambres de la página,
chirriando, picoteando, lluvia de alas
y yo sin pan que darles, solamente
dejándolos venir. Tal vez
sea eso un árbol
o tal vez
el amor.

II
Anoche te soñé
sacerdotisa de Sekhmet, la diosa leontocéfala.
Ella desnuda en pórfido,
tú tersa piel desnuda.

¿Qué ofrenda le tendías a la deidad salvaje
que miraba a través de tu mirada
un horizonte eterno e implacable?

La taza de tus manos contenía
la libación secreta, lágrimas
o tu sangre menstrual, o tu saliva.

En todo caso no era semen
y mi sueño sabía
que la ofrenda sería rechazada
con un lento rugido desdeñoso
tal como desde siempre lo habías esperado.

Después, quizá, ya no lo sé,
las garras en tus senos, colmándote.

III
Nunca sabré por qué tu lengua entró en mi boca
cuando nos despedimos en tu hotel
después de un amistoso recorrer la ciudad
y un ajuste preciso de distancias.

Creí por un momento que me dabas
una cita futura,
que abrías una tierra de nadie, un interregno
donde alcanzar tu minucioso musgo.

Circundada de amigas me besaste,
yo la excepción, el monstruo,
y tú la transgresora murmurante.

Vaya a saber a quién besabas,
de quién te despedías.
Fui el vicario feliz de un solo instante,
el que a veces encuentra en su saliva
un breve gusto a madreselva
bajo cielos australes.

IV
Quisiera ser Tiresias esta noche
y en una lenta espera boca abajo
recibirte y gemir bajo tus látigos
y tus tibias medusas.

Sabiendo que es la hora
de la metamorfosis recurrente,
y que al bajar al vórtice de espumas
te abrirías llorando,
dulcemente empalada.

Para volver después
a tu imperioso reino de falanges,
al cerco de tu piel, tus pulpos húmedos,
hasta arrastrarnos juntos y alcanzar abrazados
las arenas del sueño.

Pero no soy Tiresias,
tan sólo el unicornio
que busca el agua de tus manos
y encuentra entre los belfos
un puñado de sal.

V
No te voy a cansar con más poemas.
Digamos que te dije
nubes, tijeras, barriletes, lápices,
y acaso alguna vez
te sonreíste.

sábado 21 de agosto de 2010

HOY ES DEFINITIVAMENTE JUEVES




DEFINITIVAMENTE JUEVES
por Waldo Leyva

Quiero que el veintuno de agosto
del año dos mil diez
a las seis de la tarde como es hoy
pases desnuda atravesando el cuarto
y preguntes por mí
Si estoy pregunta,y si no existo,
o si me he extraviado en algún lugar de la casa,
de la ciudad, del mundo,
pregunta igual, alguien responderá
El primero de enero del año dosmil uno será lunes
pero el ventiuno de agosto de la fecha indicada
tiene que ser definitivamente jueves
y el calor, como hoy, agotará las ganas de vivir.
las calles serán las mismas para entonces,
los flamboyanes de efe y trece seguirán floreciendo,
muchos amigos no estarán
y el tiempo habrá pasado por la historia de la casa,
de la ciudad, de mi país, del mundo.
Quiero que el veintiuno de agosto, al despertar,
prepares la piel
el corazón
las ganas de vivir.

lunes 16 de agosto de 2010

De la naturaleza dañina de la canción ranchera o de cómo un cantante de camión nos defiende del mal


Suelo dar dinero a la gente que se sube a cantar a los camiones, de tres a cinco pesos y sólo a uno por día, sobre todo si las canciones son de mi agrado, más allá del arte con que las interpreten. Hoy, por ejemplo, en el micro que va por todo Dr. Vertiz se subió un señor de unos 60 años con su guitarra desafinada pero con un repertorio del old school norteño, hay que decir que no era tan desentonado como la mayoría. El momento cumbre de su tanda fue cuando entonó “Flor de Capomo”, pero halgo estaba mal, él modificaba la letra en una parte importante de la misma, esa que dice “cuando tomo vino, siento tantas gana de contigo platicar” por “cuando yo te miro, siento tantas…”. Al darle las monedas, educadamente le hice la observación del error en que incurría, él justificó el hecho apelando a lo negativo de la línea original, ya que ésta iba en contra de sus propios principios y que por eso razón había decidido cambiarla por algo tan soso como “cuando yo te miro”. Así modificaba el mensaje original que manifiesta una actitud de timidez sólo vencida por la estimulación etílica, por una declaración por demás recurrente e insípida. Hay que recordar que el contexto en que se desarrolla la canción no sólo es una expresión rural, sino que es uno de los pocos ejemplos que han trascendido el ámbito de la comunidad mayo yoreme para convertirse en una de las canciones más representativas de nuestra música popular. La letra que hoy escuchamos es una traducción de la canción original cantada en lengua de ese pueblo, por lo tanto cada línea de la canción nos da una idea de la forma de vida de una sociedad que aún sobrevive, entre Sinaloa y Sonora; un pueblo que ha mantenido parte de su herencia ancestral ante los embates de los modos de vida impuestos.
Pero ahí no paraba la cosa, el moralista intérprete declaraba modificar no sólo esa sino otras canciones, así, en vez de cantar la violenta línea que da título a la canción “Un golpe traidor” el muy timorato la modificaba por “un golpe de amor” dando al traste con el patetismo y volviendo inocuo el sentimiento desgarrador que es la columna vertebral de ésta canción y casi todo el género.
Ahí lo dejé, rumbo a Salto del Agua, con su visión descafeinada y moralina, creyendo que de esa menara protegía al respetable de las insidiosas tentaciones del mundo, sus vicios y sus falsas salidas.

jueves 5 de agosto de 2010

A la Patrona de Mi Pueblo




de Ramón López Velarde

Señora: llego a Ti
desde las tenebrosas anarquías
del pensamiento y la conducta, para
aspirar los naranjos
de elección, que florecen
en tu atrio, con una
nieve nupcial... Y entro
a tu Santuario, como un herido
a las hondas quietudes hospicianas
en que sólo se escucha
el toque saludable de una esquila.

Vestida de luto eres,
Nuestra Señora de la Soledad,
un triángulo sombrío
que preside la lúcida neblina
del valle; la arboleda que se arropa
de las cocinas en el humo lento;
la familiaridad de las montañas;
el caserío de estallante cal;
el bienestar oscuro del rebaño,
y la dicha radiante de los hombres.

Señora: cuando ingreso a la comarca
que riges con tus lágrimas benévolas,
y va la diligencia fatigosa
sobre la sierra, y van los postillones
cantando bienandanza o desamor,
súbita surge la lección esbelta
y firme de tus torres, y saludo
desde lejos tu altar.

Tú me tienes comprado en alma y cuerpo.
Cuando la pesarosa
dueña ideal de mi primer suspiro,
recurre desolada
a tus plantas, y llora mansamente,
nunca has dejado de envolverla en el
descanso de tus hijas predilectas.
Me acuerdo de una tarde
en que, como una reina
que acaba de abdicar,
salía por el atrio de naranjos
y llevaba en la frente
el lucero novísimo
de tu consolación.

Confortándola a Ella, Tú me obligas
como si con la orla
dorada de tu manto,
agitases un soplo
del Paraíso a flor de mi conciencia.
Porque siempre un lucero
va a nacer de tus manos
para la hora en que Ella
te implore, Tú me tienes
comprado en cuerpo y alma.

En las noches profanas
de novenario (orquestas
difusas, y cohetes
vívidos, y tertulias
de los viejos, y estrados
de señoritas sobre
la regada banqueta)
hay en tus torres ágiles
una policromía de faroles
de papel, que simulan
en la tiniebla comarcana un tenue
y vertical incendio.

Y yo anhelo, Señora,
que en mi tiniebla pongas para siempre
una rojiza aspiración, hermana
del inmóvil incendio de tus torres,
y que me dejes ir
en mi última década
a tu nave, cardíaco
o gotoso, y ya trémulo,
para elevarte mi oración asmática
junto al mismo cancel
que oyó mi prez valiente,
en aquella alborada en que soñé
prender a un blanco pecho
una fecunda rama de azahar.