"Nunca conheci quem tivesse levado porrada. Todos os meus conhecidos têm sido campeões em tudo." Alvaro de Campos
martes 25 de octubre de 2011
Unos versos de Contraverano en un mural
La colonia Infonavit la Estancia, cambió de imagen y es que el programa “Letras y trazos en la pared” hizo una vez más de las suyas, con 15 murales en los que el trabajo de artistas plásticos locales y frases literarias de diversos escritores, se unieron para dar a las calles de esa colonia otra perspectiva que fuese admirada al pasar de la gente y de los automovilistas.
Una ardua tarea que pese al temporal de lluvias se realizó durante la “Invasión Cultural” que la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado emprendió en el Infonavit del 27 de agosto al 3 de septiembre, con la elaboración de estos murales, así como la colocación de frases literarias hechas con esténciles y aerosol en las banquetas, donde además se pintaron juegos tradicionales como serpientes y escaleras, bebeleches, loterías, gatos, entre otros para fomentar la convivencia entre los niños y jóvenes, quienes con sus familias participaron en diversos talleres multidisciplinarios y espectáculos artísticos.
En esta ocasión se unieron a “Letras y trazos en la pared” los artistas plásticos Hazel Covarrubias, Vanessa Márquez, Ferdinando Zúñiga, Juan Ramírez, Sergio López, Héctor Fernando Gómez, José Salvador Cárdenas, Óscar Méndez, Joel Alcázar, Omar Amilcar, Víctor Uribe, Elvis Olaíz, Guillermo Ibarra y Guillermo García, con creaciones abstractas, otras que revelaban la anatomía del cuerpo humano, con un toque filosófico y otras más que de manera clara invitaban al placer de leer.
Así pues, hasta los muros del Infonavit llegaron frases de los escritores Gabriel Zaid, Mijail Lamas, Max Rojas, Gerardo Deniz, Héctor Carreto, José Luis Rivas, Jorge Fernández Granados, Claudia Posadas, Mario Calderón, Vicente Quirarte, José Homero y otras más extraídas del libro “Coloreando la lectura” editado por la Secretaría de Cultura.
De esta manera, en lo que va del año se han pintado 19 murales en este exitoso programa de “Letras y trazos en la pared”, que tan sólo en el 2010 alcanzó los 55 murales y desde su inicio en el 2007 a la fecha, suma más de 400 intervenciones plásticas realizadas en los muros de los diez municipios.
Tomado de: http://culturacolima.gob.mx/cms/nota.php?id=1939&autor=62&cat=1
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martes 18 de octubre de 2011
IV ENCUENTRO DE POETAS MIGRANTES
CUARTO ENCUENTRO DE POETAS MIGRANTES
Jueves 20 y viernes 21 de octubre de 2011
Jueves 20 de Octubre
Biblioteca Pública de San Luis, Arizona
1075 N. 6th Ave. San Luis, AZ 85349
(928) 627-8344
9:00—9:30 Registro
9:30 – 10:00 Inauguración
10:00—12:00 “Poesía cerrada/Poesía abierta. Reflexiones sobre la poesía actual en lengua española”
Oscar Oliva
12:00—1:00 PM Primer Motín de Poetas
Diana Rosas-Castro (San Luis, AZ)
Tomas Ramos Rodríguez (Mérida, Yuc-Tempe, AZ)
Cristina Murrieta (Hermosillo, Sonora)
Rubén Meneses (San Luis R. C., Sonora)
Lauro Acevedo (Ensenada, Baja California)
Margarita Muñoz (Parral, Chihuahua)
2:00—3:00 PM Segundo Motín de Poetas
Alicia Hinojosa García (San Luis R. C., Sonora)
Violeta Zúñiga (Dallas, Texas)
Raquel Fregoso (San Luis, Arizona)
David Duran (Tempe, AZ)
Ileana Baeza (Turquia-Merida, Yucatán)
Solymar Torres (Colombia-Puerto Rico-Chicago)
Solem Minjares (Hermosillo, Sonora)
Katie Brown (Kentucky)
3:00—3:30 PM Presentación Libro “Soy Bracero” de Erika Vazquez-Aguilar
Participan Manuel Cuen y Erika Vázquez-Aguilar
3:30—4:30 Presentación del Libro “Estratos” de Oscar Oliva
Participan: Tomas Ramos y Oscar Oliva
4:30 – 5:00 La fuerza del rechazo: ser migrante. Performance.
Vivian Sánchez (Mexicali, B. C.)
5:00—6:00 PM Tercer Motín de Poetas
Sofía Fadeeva (San Diego, CA)
Peggy Bonillas (Ensenada, B. C.)
Yohanna Jaramillo (Tijuana, B. C.)
Norma Alicia Arreola (Mexicali, B. C.)
Anel Mora Bahena (Ensenada, B. C.)
Manuel Cuen Gamboa (San Luis R. C.-Yuma, Arizona)
6:00—7:00 PM Performance Elizabeth Cazessus (Tijuana, B. C.)
Viernes 21 de Octubre
Centro de Seguridad Social IMSS.
Av. Chihuahua y Cerrada Matamoros
Tel: (653) 534 9976
9:00 – 9:30 AM Inauguración
9:30 – 10:30 AM Tercer Motín de Poetas
Mijail Lamas (Ciudad de México)
Javier Rivas Martínez (San Luis R. C., Sonora)
Carlos Valenzuela (Hermosillo, Sonora)
Beda Domínguez (San Luis R. C., Sonora)
Negor Len (San Luis R. C., Sonora)
Elías Jacques (San Luis R. C., Sonora)
Francisco Garza (San Luis R. C., Sonora)
Raúl Cárdenas (San Luis R. C., Sonora)
10:30 – 11:30 AM Cuarto Motín de Poetas
Clara Luz Montoya (Hermosillo, Sonora)
Miguel Ángel Bonillas (Hermosillo, Sonora)
Roberto Lastra (San Luis R. C., Sonora)
Pina Phillips (Hermosillo, Sonora-Phoenix, Arizona)
Fabiola Saldivar (San Luis R. C., Sonora)
Fidelia Caballero (Hermosillo-San Luis R. C., Sonora)
Delfina Ramírez (Ensenada, B. C.)
11:30 am—12:00 PM Ejercicio de memoria histórica:
¿Como fue que llegaste a la frontera?
3:00-04:00 PM Quinto Motín de Poetas
Oscar Oliva (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas)
Lauro Acevedo (Ensenada, Baja California)
Tomas Ramos (Mérida, Yucatán-Tempe, Arizona)
Rubén Meneses (San Luis R. C., Son-San Luis, AZ)
4:00—6:00 PM Conferencia: Consideraciones sobre la poesía mexicana contemporánea. Mijail Lamas.
6:00—8:00 PM Sexto y último Motín de Poetas
Explanada del Centro de Seguridad Social del IMSS
Grupo de Música Latinoamericana del COBACH
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POETAS MIGRANTES
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viernes 14 de octubre de 2011
OS CICLISTAS
LOS CICLISTAS
de Papiniano Carlos
A Vasco de Magalhães-Vilhena
Con un sordo rumor de excavadora
resuena en el subsuelo tu voz.
Muchos se tapan los oídos delicados
otros se esconden para no oír,
y otros se estremecen de pavor.
Pero, rápidos, los ciclistas pedalean
en la bruma de los suburbios, a tu encuentro.
Rostro bajo, manos en el manubrio, pies
bien firmes en los pedales, generan
el movimiento, el ritmo alado
de las máquinas frágiles que cabalgan
al amanecer. Pasan como espectros
sobre la bruma y se juntan, confluyen,
avanzan como un río poderoso
sobre la ciudad adormecida.
Los ciclistas. Los que levantan los andamios
y hacen girar los telares.
Los que mueven las grúas. Los que transportan
la dinamita en las manos callosas.
Los que no saben envejecer de tedio
en la mesa del café ni viven de comerciar
preservativos, palabras, alas prefabricadas.
Los que no sueñan morir en la gloria
como jóvenes dioses traspasados en la batalla.
Los que no han de podrirse, como muchos de nosotros
roídos por la lepra y la desesperación.
Ellos bien merecen tu voz, Orfeo.
Traducción de Mijail Lamas
OS CICLISTAS
A Vasco de Magalhães-Vilhena
Com um surdo rumor de escavadora
ressoa no subsolo a tua voz.
Muitos tapam os ouvidos delicados.
Outros escondem-se para não ouvir.
E outros estremecem de pavor.
Mas, rápidos, os ciclistas pedalam
na bruma dos subúrbios ao teu encontro.
Rosto baixo, mãos no guiador, pés
bem firmes nos pedais, geram
o movimento, o ritmo alado
das máquinas frágeis que cavalgam
ao amanhecer. Perpassam como espectros
sob a bruma e juntam-se, confluem,
avançam como um rio poderoso
sobre a cidade adormecida.
Os ciclistas. Os que erguem os andaimes
e fazem girar os fusos dos teares.
Os que movem as gruas. Os que transportam
o dinamite nas mãos calosas.
Os que não sabem envelhecer de tédio
à mesa do café nem vivem de mercadejar
preservativos, palavras, casas pré-fabricadas.
Os que não sonham morrer em glória
como jovens deuses trespassados na batalha.
Os que não hão-de apodrecer, como muitos
de nós, roídos de lepra e desespero.
Esses merecem bem a tua voz, Orfeu.
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TRADUCCIÓN
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martes 11 de octubre de 2011
Las urgencias de un dios
por ENRIQUETA OCHOA
¡Cuánto girón de cielo prometido
que no puedo creer,
que no logra sitiarme
ni adormecer mi sien
ni incitarme el afán!
No rebusquen más mitos en mis labios.
Soy la furia salvaje de una criatura
abandonada en el monte
sin conocer más padre que el sol que ha requemado mi epidermis
ni más madre que ese lamento gris de tierra
que indefinidamente me derrumba y me levanta.
Una urgencia por Dios toma el vocablo.
¡Lo que nos pasa a veces!
Si cuando niña se me hubiera dicho:
"Ante Dios
afloja la rodilla y baja el rostro",
yo hubiera obedecido.
Pero nadie sopló luces de mitos en mi frente
ni se movió en los nervios de mis actos
(aprendí de mi abuelo a levantar, por mi mano, todas las cosas)
y fui sólo el bárbaro explorador sin ropas
que arañando la piedra se trepaba al risco
para avistar las rutas que indicaba
su brújula de astros y de olores.
Y ahora, cuando alguien me pregunta:
"¿Cuál es tu Dios, tu identidad, y la región que habitas?", digo:
—Mi tierra es la región del embarazo
y yo soy la semilla donde Dios
es el embrión en vísperas.
¡Cuánto pasado para llegar aquí!
Para poder estar de pie junto a las cosas
y decir:
—Mi corazón se espiga frente al mundo
como una inmensa lágrima caliente.
Pasan las madres con sus hijos.
Las parcelas revientan de brotes
y el espacio nutre un retoño
de vibrátiles e inmensas dimensiones.
Ante esto
yo mido la magnitud de mis caderas,
palpo mis carnes, aguzo el oído finamente
y confirmo el hecho:
como ellas yo llevo un fruto en mí.
Pero alguien, no sé quién, salta y me dice:
"Ficticio anunciamiento
en la sorda pulsación de un cuerpo estéril".
Qué saben ellos
de ese recóndito embrión
urgiendo mi presencia bajo un cielo de ruinas.
Qué saben de ese embarazo antiguo gestando desde siglos
un hijo despatriado que no logra nacer
ni abortar de mi vientre
cuando resbalo y caigo.
Un hijo falsamente robado y bautizado
en el narcotizante vino de un río mitológico
que no acierta a moverse
con la pesada carga que le asignan.
¡Ay del fruto en la entraña
escandalosamente percibido,
voluminosamente titulado,
quebrantando mis huesos al golpe de su peso!
Y antes no eran sus rasgos pronunciados
ni complicado el peso.
Yo recuerdo la niña agilidad
que jugaba con la víscera azul
antes del rapto,
casi en la misma conjunción del lecho:
aquella anunciación difusa y primeriza
de hace siglos,
donde su presencia apenas si brillaba
con párvula intuición de imprecisión y azoro.
Sensible al ruido y diminuto,
sus fugas nos vedaban los contornos
y aún el más sigiloso y descalzo de los pasos
le aguijaba de miedos
precipitándole en una tímida huida de corza repentina.
Pero eso fue ayer. Ayer,
en el tiempo de las primeras brasas.
Hoy todo es distinto.
Sé mi condición de madre
y de Dios su condición de hijo,
de sucesión, rumbo al futuro,
y un desgajado sol de otoños dulces
dilata mi corazón y lo revienta en grito:
¡Mi hijo! ¡Mi hijo!
Con un temblor de voz que supera todas las ternuras.
De blasfemia han tachado mis urgencias.
Dicen que Dios no reirá jamás entre mis labios
ni llorará en la cuenca de mis ojos tristes.
Seré siempre la anónima, la gris, la desterrada
para quien sólo existe por patria
un índice de estragos y de hogueras-
Pero...
Que no me digan nada.
El corazón se exprime en sus lagares
y canta en el ardor de sus heridas,
El mío canta aquí, a la intemperie,
sin fronteras ni códigos caducos,
sin esos cuentos viejos que nos dicen:
"Corrían arcos de luz de arriba abajo
y tatuaban las frentes de distancias".
Como si el ala oculta no tocara
más arriba del ojo de los vientos.
Yo no puedo alisar fábulas ciegas.
Alguien rompió sus labios pecho adentro
y me enseñó a forjarme desde siempre
una forma de amor recíproca y sencilla.
De aquí que guste la identidad sin límites ni ambages
y use el coloquio fácil y entrañable
con que en el vientre se hablan madre e hijo.
No reparo en lo dicho. Dios es mi inseparable,
mi más íntimo compañero
de juegos y de lágrimas:
el más constante y tierno,
más rebelde y sumiso.
Lo que son las cosas...
Yo sé lo que le espera al canto en que me espigo:
una turba de puños indignados demolerán su forma,
me trizarán a golpes.
Mas yo sabré ubicarme
de nuevo en mi insistencia
sacudida de grillos la cabeza
y destrenzado el pelo hasta las corvas,
porque odio los límites supuestos.
No me conformo con que digan:
"su forma es ésta; vedada otra estructura".
¡Qué débil consistencia de doctrina!
Recordad que Dios es el espejo
más contradictorio y bifurcado,
acomodado a todas las pupilas.
Yo lo esculpo a mi modo y le doy forma.
¿Cómo pecar con esto?
¿Peca la hembra que proclama al vástago?
¿Peca al decir: se hospeda desde siempre
en la borrasca delirante de mi sangre?
Imposible.
El concebir y el cantar no hay que velarlos.
Hay que danzar con ellos a la luz del día
y a la obsidiana luz de la alta noche.
Yo no puedo evitar mi índole espontánea;
soy una cascada de torsos al desnudo.
Como el niño se da, me doy al viento
desatando mi grito.
Los buenos
me dirán que calle y ceda.
Mas yo que en torno de mi cintura
be puesto un cascabel de mineral rojizo
que a cada paso grita a Dios: ¡Mi hijo!
y establezco mis propios cánones y salmos,
no me dejo llevar
ni me dejo negar
ni escondo la vereda
ni me humillo el rostro
cuando otros le nominan "Padre", "′Artífice",
ni les digo el origen de mi grito
porque no creerán en la sobrevivencia.
Perece el padre, sobrevive el hijo,
El último es eterno:
llora en el niño antes de hacerlo hombre,
y después y después,
y siempre el hijo despejando el futuro.
dominando horizontes
imperecedero, triunfal,
en la Unidad, en lo Eterno.
¿Por qué ignorar que el mundo
es un cotiledón de fuego
en que Dios va formando su presencia?
Son cosas que no pueden cubrirse.
Miradme aquí cómo al tratar su nombre
danzo en una resurrección
de brasas removidas
y siento sus latidos sonándome en el pecho.
¿Cómo negar al hijo que florece?
No he aprendido a ocultarle
ni a decir que me pesa, aunque me acusen
de agotarme su largo nacimiento.
¿Por qué habría de ser?
Él no me obliga a prescindir de nada.
Su floración es natural y simple
y si bien estos ojos vidriosos se me pierden
tras un vago rumor inaprehensible
y a menudo descanso en el camino
y acaricio su forma por mi vientre.
también puedo agitarme
y retozar a pie descalzo el monle vivo
y hago correr sus pies entre mis piernas
y hundo mis manos en la tierra firme
y bebo el agua corriente de los ríos
y desnudarme al sol.
Y es mejor que mejor,
porque no me gustaría que el que pasara viera
mi cabeza quebrada sobre el pecho,
ni quiero para él un enfermizo rostro
de Dios encajonado
en estancias oscuras y severas.
Quiero que muerda el corazón del mundo,
que sepa del sol,
de los astros, del viento,
de lo grande y lo mínimo.
Quiero en Dios al lujo que creciendo
en plenitud reviente al cerco falso
y destruya las fronteras
y la celda ficticia y demudada
del concepto y la carne.
Lo quiero levantando su imperio al aire libre.
desnudo, limpio, imperturbable y sano,
respirando hondo y fuerte
del aliento rotundo de la tierra.
¡Cuánto girón de cielo prometido
que no puedo creer,
que no logra sitiarme
ni adormecer mi sien
ni incitarme el afán!
No rebusquen más mitos en mis labios.
Soy la furia salvaje de una criatura
abandonada en el monte
sin conocer más padre que el sol que ha requemado mi epidermis
ni más madre que ese lamento gris de tierra
que indefinidamente me derrumba y me levanta.
Una urgencia por Dios toma el vocablo.
¡Lo que nos pasa a veces!
Si cuando niña se me hubiera dicho:
"Ante Dios
afloja la rodilla y baja el rostro",
yo hubiera obedecido.
Pero nadie sopló luces de mitos en mi frente
ni se movió en los nervios de mis actos
(aprendí de mi abuelo a levantar, por mi mano, todas las cosas)
y fui sólo el bárbaro explorador sin ropas
que arañando la piedra se trepaba al risco
para avistar las rutas que indicaba
su brújula de astros y de olores.
Y ahora, cuando alguien me pregunta:
"¿Cuál es tu Dios, tu identidad, y la región que habitas?", digo:
—Mi tierra es la región del embarazo
y yo soy la semilla donde Dios
es el embrión en vísperas.
¡Cuánto pasado para llegar aquí!
Para poder estar de pie junto a las cosas
y decir:
—Mi corazón se espiga frente al mundo
como una inmensa lágrima caliente.
Pasan las madres con sus hijos.
Las parcelas revientan de brotes
y el espacio nutre un retoño
de vibrátiles e inmensas dimensiones.
Ante esto
yo mido la magnitud de mis caderas,
palpo mis carnes, aguzo el oído finamente
y confirmo el hecho:
como ellas yo llevo un fruto en mí.
Pero alguien, no sé quién, salta y me dice:
"Ficticio anunciamiento
en la sorda pulsación de un cuerpo estéril".
Qué saben ellos
de ese recóndito embrión
urgiendo mi presencia bajo un cielo de ruinas.
Qué saben de ese embarazo antiguo gestando desde siglos
un hijo despatriado que no logra nacer
ni abortar de mi vientre
cuando resbalo y caigo.
Un hijo falsamente robado y bautizado
en el narcotizante vino de un río mitológico
que no acierta a moverse
con la pesada carga que le asignan.
¡Ay del fruto en la entraña
escandalosamente percibido,
voluminosamente titulado,
quebrantando mis huesos al golpe de su peso!
Y antes no eran sus rasgos pronunciados
ni complicado el peso.
Yo recuerdo la niña agilidad
que jugaba con la víscera azul
antes del rapto,
casi en la misma conjunción del lecho:
aquella anunciación difusa y primeriza
de hace siglos,
donde su presencia apenas si brillaba
con párvula intuición de imprecisión y azoro.
Sensible al ruido y diminuto,
sus fugas nos vedaban los contornos
y aún el más sigiloso y descalzo de los pasos
le aguijaba de miedos
precipitándole en una tímida huida de corza repentina.
Pero eso fue ayer. Ayer,
en el tiempo de las primeras brasas.
Hoy todo es distinto.
Sé mi condición de madre
y de Dios su condición de hijo,
de sucesión, rumbo al futuro,
y un desgajado sol de otoños dulces
dilata mi corazón y lo revienta en grito:
¡Mi hijo! ¡Mi hijo!
Con un temblor de voz que supera todas las ternuras.
De blasfemia han tachado mis urgencias.
Dicen que Dios no reirá jamás entre mis labios
ni llorará en la cuenca de mis ojos tristes.
Seré siempre la anónima, la gris, la desterrada
para quien sólo existe por patria
un índice de estragos y de hogueras-
Pero...
Que no me digan nada.
El corazón se exprime en sus lagares
y canta en el ardor de sus heridas,
El mío canta aquí, a la intemperie,
sin fronteras ni códigos caducos,
sin esos cuentos viejos que nos dicen:
"Corrían arcos de luz de arriba abajo
y tatuaban las frentes de distancias".
Como si el ala oculta no tocara
más arriba del ojo de los vientos.
Yo no puedo alisar fábulas ciegas.
Alguien rompió sus labios pecho adentro
y me enseñó a forjarme desde siempre
una forma de amor recíproca y sencilla.
De aquí que guste la identidad sin límites ni ambages
y use el coloquio fácil y entrañable
con que en el vientre se hablan madre e hijo.
No reparo en lo dicho. Dios es mi inseparable,
mi más íntimo compañero
de juegos y de lágrimas:
el más constante y tierno,
más rebelde y sumiso.
Lo que son las cosas...
Yo sé lo que le espera al canto en que me espigo:
una turba de puños indignados demolerán su forma,
me trizarán a golpes.
Mas yo sabré ubicarme
de nuevo en mi insistencia
sacudida de grillos la cabeza
y destrenzado el pelo hasta las corvas,
porque odio los límites supuestos.
No me conformo con que digan:
"su forma es ésta; vedada otra estructura".
¡Qué débil consistencia de doctrina!
Recordad que Dios es el espejo
más contradictorio y bifurcado,
acomodado a todas las pupilas.
Yo lo esculpo a mi modo y le doy forma.
¿Cómo pecar con esto?
¿Peca la hembra que proclama al vástago?
¿Peca al decir: se hospeda desde siempre
en la borrasca delirante de mi sangre?
Imposible.
El concebir y el cantar no hay que velarlos.
Hay que danzar con ellos a la luz del día
y a la obsidiana luz de la alta noche.
Yo no puedo evitar mi índole espontánea;
soy una cascada de torsos al desnudo.
Como el niño se da, me doy al viento
desatando mi grito.
Los buenos
me dirán que calle y ceda.
Mas yo que en torno de mi cintura
be puesto un cascabel de mineral rojizo
que a cada paso grita a Dios: ¡Mi hijo!
y establezco mis propios cánones y salmos,
no me dejo llevar
ni me dejo negar
ni escondo la vereda
ni me humillo el rostro
cuando otros le nominan "Padre", "′Artífice",
ni les digo el origen de mi grito
porque no creerán en la sobrevivencia.
Perece el padre, sobrevive el hijo,
El último es eterno:
llora en el niño antes de hacerlo hombre,
y después y después,
y siempre el hijo despejando el futuro.
dominando horizontes
imperecedero, triunfal,
en la Unidad, en lo Eterno.
¿Por qué ignorar que el mundo
es un cotiledón de fuego
en que Dios va formando su presencia?
Son cosas que no pueden cubrirse.
Miradme aquí cómo al tratar su nombre
danzo en una resurrección
de brasas removidas
y siento sus latidos sonándome en el pecho.
¿Cómo negar al hijo que florece?
No he aprendido a ocultarle
ni a decir que me pesa, aunque me acusen
de agotarme su largo nacimiento.
¿Por qué habría de ser?
Él no me obliga a prescindir de nada.
Su floración es natural y simple
y si bien estos ojos vidriosos se me pierden
tras un vago rumor inaprehensible
y a menudo descanso en el camino
y acaricio su forma por mi vientre.
también puedo agitarme
y retozar a pie descalzo el monle vivo
y hago correr sus pies entre mis piernas
y hundo mis manos en la tierra firme
y bebo el agua corriente de los ríos
y desnudarme al sol.
Y es mejor que mejor,
porque no me gustaría que el que pasara viera
mi cabeza quebrada sobre el pecho,
ni quiero para él un enfermizo rostro
de Dios encajonado
en estancias oscuras y severas.
Quiero que muerda el corazón del mundo,
que sepa del sol,
de los astros, del viento,
de lo grande y lo mínimo.
Quiero en Dios al lujo que creciendo
en plenitud reviente al cerco falso
y destruya las fronteras
y la celda ficticia y demudada
del concepto y la carne.
Lo quiero levantando su imperio al aire libre.
desnudo, limpio, imperturbable y sano,
respirando hondo y fuerte
del aliento rotundo de la tierra.
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jueves 6 de octubre de 2011
Get a bike
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BICICLETA
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martes 4 de octubre de 2011
REY DEL CAMINO
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lunes 3 de octubre de 2011
DÍAS DE BICICLETA
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